miércoles, 4 de octubre de 2017

Debe ser algo así




El viento con ternura acaricia los árboles 
mientras la luna con amor los baña de luz
ellos se sienten niños y con gesto infantil 
emanan suaves murmullos al aire soñoliento
ligero, frágil, fácil de romper. 

En una noche de tibio verano, aquí 
los ángeles deambulan sigilosos 
dejando en el pasto mullido sus huellas
con delicadeza, casi sin sentir 
huelen a blanco jazmín, a noche sutil. 

El paraíso debe ser algo así,
árboles felices, ángeles risueños 
plenitud de espíritus en la noche clara
un lugar espléndido saturado de amor
donde el alma descansa en los brazos de Dios. 




©Vicky Toledo

Atarraya


Alguna vez
las paredes fueron amarillas
como el sol
y la palmera fue niña
con el cabello alborotado.
Corrían muchos niños por la arena
volvían a casa salados y con frío
con el alma muerta de risa
y un cangrejo en la mano
tratando de escapar.
Esos fueron buenos tiempos
me contaba la abuela
viendo la casa de lejos
casi irreconocible,
sino fuera porque el viejo mar
sigue siendo el mismo,
pensaría que han naufragado
en esta playa los recuerdos
me decía…
Y mientras hablaba la abuela
yo tendí una atarraya
sobre las olas del tiempo
para que mis propios recuerdos
no naufraguen jamás


©Vicky Toledo

miércoles, 12 de julio de 2017

Almohadas



Significas una verdad ineludible 
una razón clarísima
que inunda lo que soy de filigrana,
un azul mar intenso rojo fuego
que se instaló en mi cielo
el día que tus labios
pronunciaron un te amo
besándome los ojos.
Te amo con necesidad inmensa
de entregarte el cúmulo de sueños
metidos cada noche
en la funda de mi almohada
para suavizar la espera.
Ahora que tu cama es nuestra
descubro que soñabas 
y como yo guardabas 
un amor lleno de sueños
en la cabecera de tu cama.
La vida, esta vida que nos llama
a juntar las almohadas
en una misma cama
finalmente nos define,
somos los sueños de antes
alcanzados, nuestros, amados


©Vicky Toledo

jueves, 29 de junio de 2017

Alegoría de la araña


Los hilos tornasolados de la araña
penden en el aire, como una hamaca 
fuertes esperan y resisten
elásticamente los embates 
del tiempo y del viento. 
Mientras oscilan, la araña en una esquina 
acecha y piensa en su próxima presa
¿Será un mosquito, un gorrión, un elefante?
Se imagina la suculencia de la cena
¿Qué sabor tendrá, dulce, ácido, jugoso? 
¿Será que tenga espinas de pescado?
debe tener mucho cuidado, no vaya a ser
que esta sea su última cena, con un hueso
atravesado en su frágil garganta. 
Irá a ser fácil de digerir o tendrá que
utilizar sus ocho manos para despedazar
antes de engullir lo que tanto desea. 
La paciencia es una gran virtud y ella
es muy virtuosa, tan virtuosa que 
causa miedo y espanto a pleno día. 
Se imagina la araña con ilusión 
el momento culminante de su espera
su presa envuelta en hilos que aprietan,
unos ojos que la miran suplicante
pidiendo clemencia y perdón,
la cacería sagrada habrá terminado, piensa
el rito de sobrevivencia se habrá consumado.
No siempre gana el más grande 
ni el más fuerte, es asunto de táctica 
tejer los hilos, uno por uno, en forma tal
que no haya escapatoria para quien se acerca,
no importa el peso, ni la dureza del corazón 
toda presa es buena, es alimentación. 
Sigilosa espera y de las comisuras de su boca
se derrama gota a gota la saliva segregada
por su imaginación hambrienta. 
Sigue pensando la araña y se balancea
como un péndulo solar, acrisolada 
sin remordimientos, así es la vida piensa
vivo yo o viven otros, y yo quiero vivir. 
Ensimismada en su alegoría, no notó 
una sombra que cubrió el sol del mediodía 
un murciélago desvelado, hambriento 
y sin escrúpulos pasaba por ahí. 
Agitando sus alas rompió los hilos, 
la araña fue a caer a sus diminutas fauces
la engulló sin masticar y se dijo
vivo yo o viven otros, y yo quiero vivir. 

                                                                                               ©Vicky Toledo

martes, 27 de junio de 2017

Sueño Vívido




La noche no era oscura, 
se vislumbraban las siluetas de los árboles 
abrazándose, desahogando el calor 
que por el día respiraban. 
El cielo estaba lindo, estrellado, 
se miraba todo tan cerca 
como si los ojos fueran telescopios. 
De pronto y sin aviso, 
una estrella cayó del cielo 
y fue a dar al ápice de un árbol. 
Se formó un incendio gigantesco 
donde se fundían hojas y ramas 
sombras y sueños. 
Se incineraron los temores, 
y volaban las chispas por el aire. 
El fulgor desprendido era eufórico 
la noche se iluminó de algarabía 
parecían fuegos artificiales 
celebrando alguna fiesta. 
Yo, un poco alejada para no quemarme 
pensé en ti. Vi tus pupilas brillando 
como las pupilas de un niño. 
Escuché tu voz diciendo: mira 
el cielo se está cayendo, ven. 
Sentí tu abrazo protector y así 
desperté algo desorientada 
mirando al cielo, sintiendo 
la humedad del césped 
donde me había quedado dormida. 








©Vicky Toledo


sábado, 27 de mayo de 2017

Pan Compartido


Imprevistamente llegó a mi mesa
justo a tiempo para desayunar 
en una mañana de sol tibio 
y flores lloronas. 
Mis movimientos entonces 
se hicieron pausados 
para no asustarlo. 
Dio tres brinquitos 
y después de un breve desequilibrio 
se posó en la orilla de mi plato, 
mi sonrisa lo hizo cantar 
y tal vez pienso yo, 
se sintió en confianza. 
Le ofrecí de mi pan 
su piquito se clavó en el blanco, 
picó, picó, picó y se fue inflando
mientras yo saboreaba mi café. 
Fue uno de esos momentos prodigiosos 
infinitamente grabados en la memoria
de los pájaros y la gente. 
Igual cómo llegó, alzó vuelo 
lo seguí con la mirada, él no lo supo
voló hasta una rama en donde 
esperaba impaciente otro gorrión
igual de diminuto, igual de hambriento. 
Mi visitante se colocó en frente 
el otro abrió su pico y comió el pan
llevado de mi mesa; 
quedamos los tres satisfechos. 
Llegué una vez más a la conclusión
de que el pan compartido
siempre sabe mejor.

©Vicky Toledo

jueves, 2 de febrero de 2017

Es invierno


Los árboles quedan callados
pierden las palabras
entre el frío y el viento,
su mudez dice tanto
y en su silencio duerme
frondosa la esperanza.
No les derriba el viento
aunque dobleguen sus brazos,
entregan sus hojas 
resignados ante lo inevitable:
el giro de la Tierra, el tiempo.
No les congela el alma
bulle en sus venas aun la vida.
Es un dormir de cigarras
en la ambarina realidad
de lánguidos quanta
llenando espacios de sombrío frío.
Las pupilas de los árboles 
se cierran suavemente 
sueñan con el día seguro
que el galanteo del sol
llegue de nuevo a encender
la flama verde del amor
y les penetre su alma
otra vez, como siempre.

martes, 24 de enero de 2017

Hoyitos en el cielo (Poesía infantil)


Eran como las seis de la tarde,
el cielo se fue poniendo oscuro, oscuro
la luna curiosa estaba del otro lado
y con uno de sus puntiagudos cuernitos
empezó a hacer un hoyito.
Giraba y giraba como un tornillo 
hasta que rompió el tapiz del cielo.
Emocionada, la luna se asomó 
quedó maravillada viendo la tierra 
redonda, azul, llena de vida;
entonces, metió un cuernito primero
después el otro, cruzó la noche.
Se sintió libre y desprendida,
caminó lentamente de este a oeste
fue descubriendo ciudades grandes
pueblos pequeños, lagos, volcanes
ríos que corrían como serpientes alegres
por en medio de los frondosos árboles; 
montañas blancas, montañas verdes
pájaros en sus nidos, niños en sus camas
mares espumosos acunando a las playas
y arriba de todo, las nubes esponjadas
que ella iba pisando delicadamente.
Fueron pasando las horas y ella
paseaba tan feliz que no supo cuando
llegó el sol con su cabello rubio
y convirtió la oscura noche en el día claro,
corrió entonces la luna a buscar refugio 
con su cuernito hizo de nuevo un agujero,
cruzó el día, se metió en su cama de plata
y mientras dormía soñaba 
con volver a ver lo que había visto
cuando al hacer un hoyito en el cielo
descubrió el planeta azul y mágico 
que la llenó de luz, de miel y de poesía.
Desde entonces, todas las noches la luna
hace un hoyito y viene a la Tierra 
y en cada hoyito que deja se asoma una estrella. 

©Vicky Toledo

jueves, 23 de junio de 2016

Distraídas



Llovió hoy más recio que ayer 
las calles lucían desoladas, húmedas, 
era la hora de la cena, mi madre llamó, 
yo no tenía hambre, quería estar sola 
distraerme un poco de aquel problema. 
Salí de mi casa, caminé por la acera 
me asomé en un charco que creó la lluvia, 
en el charco reposaba una estrella 
que por distraída se confundió de cielo. 
Al verme tembló como tiembla 
una niña ante lo desconocido, 
comprendió su error, 
yo me quedé quieta para no asustarla 
pero fue ya muy tarde, ella titilaba 
quiso esconderse pero se ahogaba 
yo fascinada, olvidé mi pena 
sumergí mis manos en el agua prieta 
con todo cuidado, rescaté la estrella. 
Al verse atrapada sintió tanto miedo 
que su brillo eterno pareció extinguirse, 
no temas le dije, solo quiero verte 
secar esa lágrima que hay en tu rostro, 
la estrella sonriendo me miró confiada. 
Pronto volverás, le dije, a tu cielo hermoso 
solo tomará lo que tarda en secar el charco. 
En efecto, a la medianoche ya se había ido. 
Yo volví a mi casa, con hambre 
y sin recordar el porqué había salido.

©Vicky Toledo

domingo, 12 de junio de 2016

En Venecia

Te encontré cuando caminaba sin prisa
por una acera de Venecia
las góndolas negras
pasaban pavoneándose
con parejas extrañas
que parecían amarse,
el brillo del sol reflejado en el agua
el brillo del agua reflejado en mis pupilas,
decía sin palabras cuanto yo había
encontrado de tí estando tan lejos
entre tanta gente que hablaba de amor,
se deslizaba la tarde debajo del puente
la mirada mía buscaba en el agua
escuché tu risa y escapó la mía
porque fue esa noche que
estando tan lejos te encontré de nuevo
como siempre quise
rebosante el alma del más grande amor