jueves, 29 de junio de 2017

Alegoría de la araña


Los hilos tornasolados de la araña
penden en el aire, como una hamaca 
fuertes esperan y resisten
elásticamente los embates 
del tiempo y del viento. 
Mientras oscilan, la araña en una esquina 
acecha y piensa en su próxima presa
¿Será un mosquito, un gorrión, un elefante?
Se imagina la suculencia de la cena
¿Qué sabor tendrá, dulce, ácido, jugoso? 
¿Será que tenga espinas de pescado?
debe tener mucho cuidado, no vaya a ser
que esta sea su última cena, con un hueso
atravesado en su frágil garganta. 
Irá a ser fácil de digerir o tendrá que
utilizar sus ocho manos para despedazar
antes de engullir lo que tanto desea. 
La paciencia es una gran virtud y ella
es muy virtuosa, tan virtuosa que 
causa miedo y espanto a pleno día. 
Se imagina la araña con ilusión 
el momento culminante de su espera
su presa envuelta en hilos que aprietan,
unos ojos que la miran suplicante
pidiendo clemencia y perdón,
la cacería sagrada habrá terminado, piensa
el rito de sobrevivencia se habrá consumado.
No siempre gana el más grande 
ni el más fuerte, es asunto de táctica 
tejer los hilos, uno por uno, en forma tal
que no haya escapatoria para quien se acerca,
no importa el peso, ni la dureza del corazón 
toda presa es buena, es alimentación. 
Sigilosa espera y de las comisuras de su boca
se derrama gota a gota la saliva segregada
por su imaginación hambrienta. 
Sigue pensando la araña y se balancea
como un péndulo solar, acrisolada 
sin remordimientos, así es la vida piensa
vivo yo o viven otros, y yo quiero vivir. 
Ensimismada en su alegoría, no notó 
una sombra que cubrió el sol del mediodía 
un murciélago desvelado, hambriento 
y sin escrúpulos pasaba por ahí. 
Agitando sus alas rompió los hilos, 
la araña fue a caer a sus diminutas fauces
la engulló sin masticar y se dijo
vivo yo o viven otros, y yo quiero vivir. 

                                                                                               ©Vicky Toledo

martes, 27 de junio de 2017

Sueño Vívido




La noche no era oscura, 
se vislumbraban las siluetas de los árboles 
abrazándose, desahogando el calor 
que por el día respiraban. 
El cielo estaba lindo, estrellado, 
se miraba todo tan cerca 
como si los ojos fueran telescopios. 
De pronto y sin aviso, 
una estrella cayó del cielo 
y fue a dar al ápice de un árbol. 
Se formó un incendio gigantesco 
donde se fundían hojas y ramas 
sombras y sueños. 
Se incineraron los temores, 
y volaban las chispas por el aire. 
El fulgor desprendido era eufórico 
la noche se iluminó de algarabía 
parecían fuegos artificiales 
celebrando alguna fiesta. 
Yo, un poco alejada para no quemarme 
pensé en ti. Vi tus pupilas brillando 
como las pupilas de un niño. 
Escuché tu voz diciendo: mira 
el cielo se está cayendo, ven. 
Sentí tu abrazo protector y así 
desperté algo desorientada 
mirando al cielo, sintiendo 
la humedad del césped 
donde me había quedado dormida. 








©Vicky Toledo