sábado, 27 de mayo de 2017

Pan Compartido


Imprevistamente llegó a mi mesa
justo a tiempo para desayunar 
en una mañana de sol tibio 
y flores lloronas. 
Mis movimientos entonces 
se hicieron pausados 
para no asustarlo. 
Dio tres brinquitos 
y después de un breve desequilibrio 
se posó en la orilla de mi plato, 
mi sonrisa lo hizo cantar 
y tal vez pienso yo, 
se sintió en confianza. 
Le ofrecí de mi pan 
su piquito se clavó en el blanco, 
picó, picó, picó y se fue inflando
mientras yo saboreaba mi café. 
Fue uno de esos momentos prodigiosos 
infinitamente grabados en la memoria
de los pájaros y la gente. 
Igual cómo llegó, alzó vuelo 
lo seguí con la mirada, él no lo supo
voló hasta una rama en donde 
esperaba impaciente otro gorrión
igual de diminuto, igual de hambriento. 
Mi visitante se colocó en frente 
el otro abrió su pico y comió el pan
llevado de mi mesa; 
quedamos los tres satisfechos. 
Llegué una vez más a la conclusión
de que el pan compartido
siempre sabe mejor.

©Vicky Toledo

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