sábado, 27 de mayo de 2017

Pan Compartido


Imprevistamente llegó a mi mesa
justo a tiempo para desayunar 
en una mañana de sol tibio 
y flores lloronas. 
Mis movimientos entonces 
se hicieron pausados 
para no asustarlo. 
Dio tres brinquitos 
y después de un breve desequilibrio 
se posó en la orilla de mi plato, 
mi sonrisa lo hizo cantar 
y tal vez pienso yo, 
se sintió en confianza. 
Le ofrecí de mi pan 
su piquito se clavó en el blanco, 
picó, picó, picó y se fue inflando
mientras yo saboreaba mi café. 
Fue uno de esos momentos prodigiosos 
infinitamente grabados en la memoria
de los pájaros y la gente. 
Igual cómo llegó, alzó vuelo 
lo seguí con la mirada, él no lo supo
voló hasta una rama en donde 
esperaba impaciente otro gorrión
igual de diminuto, igual de hambriento. 
Mi visitante se colocó en frente 
el otro abrió su pico y comió el pan
llevado de mi mesa; 
quedamos los tres satisfechos. 
Llegué una vez más a la conclusión
de que el pan compartido
siempre sabe mejor.

©Vicky Toledo

jueves, 2 de febrero de 2017

Es invierno


Los árboles quedan callados
pierden las palabras
entre el frío y el viento,
su mudez dice tanto
y en su silencio duerme
frondosa la esperanza.
No les derriba el viento
aunque dobleguen sus brazos,
entregan sus hojas 
resignados ante lo inevitable:
el giro de la Tierra, el tiempo.
No les congela el alma
bulle en sus venas aun la vida.
Es un dormir de cigarras
en la ambarina realidad
de lánguidos quanta
llenando espacios de sombrío frío.
Las pupilas de los árboles 
se cierran suavemente 
sueñan con el día seguro
que el galanteo del sol
llegue de nuevo a encender
la flama verde del amor
y les penetre su alma
otra vez, como siempre.

martes, 24 de enero de 2017

Hoyitos en el cielo (Poesía infantil)


Eran como las seis de la tarde,
el cielo se fue poniendo oscuro, oscuro
la luna curiosa estaba del otro lado
y con uno de sus puntiagudos cuernitos
empezó a hacer un hoyito.
Giraba y giraba como un tornillo 
hasta que rompió el tapiz del cielo.
Emocionada, la luna se asomó 
quedó maravillada viendo la tierra 
redonda, azul, llena de vida;
entonces, metió un cuernito primero
después el otro, cruzó la noche.
Se sintió libre y desprendida,
caminó lentamente de este a oeste
fue descubriendo ciudades grandes
pueblos pequeños, lagos, volcanes
ríos que corrían como serpientes alegres
por en medio de los frondosos árboles; 
montañas blancas, montañas verdes
pájaros en sus nidos, niños en sus camas
mares espumosos acunando a las playas
y arriba de todo, las nubes esponjadas
que ella iba pisando delicadamente.
Fueron pasando las horas y ella
paseaba tan feliz que no supo cuando
llegó el sol con su cabello rubio
y convirtió la oscura noche en el día claro,
corrió entonces la luna a buscar refugio 
con su cuernito hizo de nuevo un agujero,
cruzó el día, se metió en su cama de plata
y mientras dormía soñaba 
con volver a ver lo que había visto
cuando al hacer un hoyito en el cielo
descubrió el planeta azul y mágico 
que la llenó de luz, de miel y de poesía.
Desde entonces, todas las noches la luna
hace un hoyito y viene a la Tierra 
y en cada hoyito que deja se asoma una estrella. 

©Vicky Toledo